sábado, 24 de mayo de 2014

Misericordia, Señor. Misericordia.

Queridísimo Dios Misericordioso, 

   ¡Que grande eres Señor! Me has enseñado tus llagas sin habértelo pedido, tal vez viste la necesidad que mi alma tenía de Ti. Fuí testigo de tu existencia, no dudaba Padre y lo sabes, pero me aleje de ti. No, no te vi pero te sentí, sentí tu abrazo cálido y el fuego de tu Espíritu que quemó mi corazón para renacer en una nueva vida llena de amor. ¡Cuan grande es tu Misericordia! No puede ser comparable con nada, excepto la majestuosidad de tu Amor. ¡Que Amor tan grande tienes por estos hijos imperfectos que somos! Al punto de enviar a tu Predilecto a la Cruz ¡Que sacrificio, Señor! No veo a mi madre o mi padre, escogiendo entre mis tres hermanos y yo para darle muerte a uno. Aún así tu Amor y el de mi hermoso Jesús quien se ofreció para lavar mis pecados y los del mundo entero en la Cruz y previamente torturado, nos dio la prueba de Amor Verdadero.

  Bien es cierto Señor que eres Amor, así lo dice la Santa Biblia, aún mi cerebro en mi pequeñeza humana no ha podido descubrir que es más grande si tu Amor o tu Misericordia, o ¿está tu Amor ligado a la Misericordia? Solo puedo descubrirlo amando al prójimo, pero que pequeño es mi corazón para sentir semejante sentimiento. Pero amarte ha abierto un mundo de posibilidades, que diferente soy cuando me llamas y te hago caso, que feliz soy Señor, porque mi felicidad nace de saber que te has fijado en mi nada. ¡Cuantas veces te he crucificado, Señor! He pecado, te he ofendido, te he negado tres veces antes del cantar del gallo. La juventud es divino tesoro, pero que perdida estaba en ella, en medio de frivolidades, de una cultura que te ofende y materialismo, sorda a tus gritos de Misericordia. ¡Cuantas veces me llamaste Padre! Que diferente hubiese sido mi vida si te hubiese escuchado. Pero Nunca es tarde para renacer en Ti. 

  Me llenaste, Padre ¡Y como lo has hecho! que no quede un rincón en mi alma sin Ti. Fortaleceme, no para levantarme cuando caiga, si no para que cuando este abajo siempre te tenga a Ti, has cada día más fuerte mi fe. No le temo a nada porque estas conmigo, más le temo a no sentirte, a que me dejes sola, pero nunca lo has hecho, Señor. Aún en mis momentos más carnales, donde he olvidado que también soy espíritu, donde te he ofendido gravemente, has estado allí. ¡Que grande es tu Misericordia! Tan grande que me avergüenzo de mis culpas, pero Tu me has perdonado y si lo has hecho ¿cómo no he de perdonarme yo misma?

  Me has dicho que no importa el tamaño de mi pecado, tu siempre tendrás Misericordia. ¿Cómo voy yo a tomar ventaja de tan bello Amor? Si ese Amor tan Santo que emanas por medio de Tu Espíritu hace que mi alma se exalte, y que te pretenda alabar con un comportamiento que te agrade. Ahora lo veo más claro Señor, amarte no es "cumplir" con tus mandatos, es hacerlo por esa Santidad que emana tu Espíritu cuando toca mi corazón. Quiero ser buena para Ti, pero soy humana e imperfecta, aleja de mi la tentación, y si caigo en ella líbrame del pecado. 

  Tu Amor aliviana el peso de mi cruz, porque Tu más que nadie sabes que en mi vida tengo necesidades y problemas, pero confío en Ti, Señor. Se que aún cuando no lo vea frente a mis ojos, estás actuando Señor. Y que lo que me des es lo que merezco, y es Santo porque viene de tu mano. Estoy feliz, dichosa y completa con lo que tengo y bendigo cuanto llegue a mi hogar, porque Tu lo has proveído. Tengo más de lo que merezco, te tengo a Ti, Padre Amado, Hijo vivo en el Santísimo Sacramento y Espíritu Santificador. Me has sanado, Señor. 

  Hazme como María, Señor. Te dijo sí sin dudar. Amó a Jesús en la tierra como nadie, y hoy en el Cielo reina como Madre de Todos. ¡Que Santa! ¡Que bella Madre nos has dado, mi Dios! Tu siempre tan perfecto, escogiste a la mejor de las mujeres por los siglos de los siglos, para que nos acurruque en sus brazos. ¡Como debe haber amado a Jesús! Al verlo por primera vez en sus brazos siendo un bebe, tan pequeño y tan grande. Que amor debe haber nacido en ese momento, toda madre se llena de amor a ver su hijo, pero ella no solo vio a su bebe sino a Dios hecho hombre, que momento de dicha vivió mi Madre Santa. Acepto su misión sabiendo el sufrimiento que iba a padecer, guió a mi amadísimo Jesús en su infancia y juventud, lo amo, lo cuido, lo abrazó y lo lloró al pie de la Cruz. ¡Que sufrimiento para la Santa Virgen de las vírgenes! Aún sabiendo que resucitaría, sabía el dolor de su Hijo. Así sufre hoy por nosotros, y por eso nos regala mensajes de amor en el mundo entero. ¡Oh, Dios! como hemos ignorado su amor, sus mensajes, siempre Ella intercediendo por el mundo entero. "¡Oh Jesús mio, perdona nuestros pecado, líbranos del fuego del infierno y lleva al Cielo todas las almas especialmente las más necesitadas de tu Misericordia!" ¡Que hermosa es María, Madre de Misericordia!

   Me has sumergido en los rayos de tu Misericordia, y has lavado mi alma con el Agua que emana Tu Sagrado Corazón, y me has cubierto con tu preciosícima Sangre. ¡Un manantial de Amor Misericordioso! Me has llenado Padre, has saciado mi sed. Con ello te llevaste mis tristezas, y has dejado gozo de saberte conmigo. Estoy dispuesta a seguirte Señor, aún a sabiendas que es el camino más largo, el más difícil pero el camino hacia Ti, y con eso basta. ¿Que quieres de mi Señor? Soy tu servidora, obraré con mis manos lo que Tu quieras que yo haga, y con mi boca llevaré el mensaje que tu pongas en mis labios. Dame sabiduría y ciencia para saber hacerlo, Señor. Ilumina el camino, y siempre quédate conmigo.

  ¡Que hermoso, es Mi Dios. Verdadero Amor, Verdadero es mi Señor! Rey de reyes, Señor de señores, Único Dios. Dios Trino, tres divinas personas en un solo Dios. Alabado Seas por siempre Señor.